miércoles, 19 de julio de 2017

Un culto a los cráneos en la Turquía del Neolítico



En Göbekli Tepe, el más antiguo sitio monumental neolítico, cerca de la frontera turca con Siria, se han encontrado cráneos con indicios de incisiones, perforaciones y pinturas. Quizá estuviesen ligados al culto a los antepasados o a la exhibición de cráneos de enemigos. 
Science Advance

En Göbekli Tepe, lugar de transición al Neolítico donde se ha descubierto la arquitectura megalítica ritual más antigua que se haya hallado por ahora, con unos característicos pilares en forma de T, se ha identificado una forma de culto a los cráneos distinta a las hasta ahora conocidas [Instituto Arqueológico Alemán, DAI].
En Göbekli Tepe, sitio arqueológico de la Turquía sudoriental famoso porque en 1995 se descubrió allí el primer complejo monumental megalítico, datado entre el 9600 y el 8000 antes de Cristo, se han encontrado las pruebas de la existencia de un «culto a los cráneos» en los inicios del Neolítico. El análisis de tres cráneos en que se basa esta conclusión ha sido realizado por investigadores del Instituto Arquelógico Alemán, en Berlín; lo exponen en un artículo publicado en Science Advances.
Los estudios antropológicos registran numerosos casos de culto a los cráneos, a los que se puede venerar por distintas razones, del culto a los antepasados a la creencia en la transmisión de capacidades particulares del difunto a quien aún vive. Puede adoptar formas diversas, del depósito de los cráneos en lugares especiales a su decoración con diversos colores y incluso a a la reconstrucción de los rasgos del rostro con mortero.
No está claro si Göbekli Tepe fue un complejo de templos, como sostiene la mayoría de los arqueólogos, o un establecimiento también habitado, como mantienen otros, pero las excavaciones efectuadas en Göbekli Tepe hasta ahora no han sacado a luz tumba alguna.
No obstante, se ha hallado un número considerable de huesos humanos, gran parte de los cuales (408 sobre 691) son fragmentos de huesos de cráneo. Tanto la fragmentación de los cráneos como las marcas y rasguños presentes en ellos se habían atribuido hasta ahora a procesos de degradación naturales, tanto más cuanto el sitio entero estaba recubierto de tierra y piedras hasta formar una verdadera colina artificial.
Vista aérea de Göbekli Tepe [Instituto Arqueológico Alemán, DAI].
Vista aérea de Göbekli Tepe [Instituto Arqueológico Alemán, DAI].

Gracias a un análisis más detallado de tres cráneos parcialmente conservados, Julia Greski y sus colaboradores han identificado ahora en ellos profundas incisiones realizadas con utensilios líticos, con lo que han demostrado su origen intencionado. Han excluido que las incisiones fueran una consecuencia secundaria de que se arrancase el cuello cabelludo. Uno de los cráneos, además, muestra una perforación en el hueso parietal izquierdo, que parece indicar que el cráneo estaba suspendido, y residuos de ocre rojo.
Pilar de un edificio de Göbekli Tepe [Instituto Arqueológico Alemán, DAI].
Pilar de un edificio de Göbekli Tepe [Instituto Arqueológico Alemán, DAI].

Según los autores, es probable que los cráneos fuesen manipulados y exhibidos para venerar a los antepasados o para mostrar los restos de enemigos muertos.
Le Scienze
Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Le Scienze.
Referencia: «Modified human crania from Göbekli Tepe provide evidence for a new form of Neolithic skull cult». Julia Gresky et al. en Science Advances, vol. 3, núm. 6, e1700564, DOI: 10.1126/sciadv/1700564, 28 de junio de 2017.

martes, 11 de julio de 2017

Lo mejor de Boticelli


Los inesperados hallazgos que la "torre de los cráneos" devela sobre los antiguos rituales de los aztecas en México

Los cráneos hallados en la excavación.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLos primeros cráneos fueron hallados en 2015.
Las historias sobre la torre de los cráneos que atemorizó a los conquistadores españoles han sido transmitidas durante generaciones entre los mexicanos.
Se decía que eran las cabezas de guerreros derrotados. Narraciones de la época describen como decenas de miles de calaveras amenazaban a los soldados: eran un recordatorio de lo que les podría ocurrir si fracasaban en sus esfuerzos por conquistar el territorio.
Durante los 500 años siguientes, los cráneos permanecieron enterrados bajo lo que alguna vez fue la capital azteca, Tenochtitlán, donde actualmente se erige Ciudad de México.
Así fue hasta que hace dos años un grupo de arqueólogos empezó el difícil trabajo de desentrañar sus secretos.
Lo que han encontrado hasta ahora les ha dejado conmocionados porque, entre las calaveras de los hombres jóvenes también han hallado las de mujeres y niños, lo que pone en duda todo lo que los historiadores creían saber.
La arqueóloga Lorena Vazquez trabaja en la investigación sobre los cráneos.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionDesde 2015. un grupo de investigadores ha estado trabajando en la excavación.
"Esperábamos encontrar solamente hombres, obviamente hombres jóvenes, como se supone que serían los guerreros. Lo que pasa con las mujeres y los niños es que uno no pensaría que ellos también iban a la guerra", comentó Rodrigo Bolaños, uno de los antropólogos que trabaja en la investigación, a la agencia Reuters.
"Algo ocurrió de lo cual no tenemos registro y esto es realmente algo novedoso, inédito", agregó.
Hasta ahora, los arqueólogos han hallado 657 cráneos en una excavación junto a la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, la cual fue erigida encima del Templo Mayor, uno de los lugares de culto más importantes de los aztecas.
Su base todavía no ha sido desenterrada y se cree que allí encontrarán muchas más calaveras.
Dos investigadores cargan uno de los cráneos.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionLos investigadores quedaron sorprendidos al hallar restos de mujeres y niños entre las calaveras.
Los cráneos que han sido extraídos para llevarlos a analizar en un laboratorio.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionDurante muchos años se creyó que los cráneos pertenecían a guerreros derrotados en las batallas.
Se cree que estas formaban parte del Huey Tzompantli, una estructura de unos 60 metros de diámetro que se hallaba en la esquina de la capilla de Huitzilopochtli, el dios azteca del sol y de la guerra.
Los tzompantli estaban formados por postes o vigas de madera en la que se empalaban a la vista pública los cráneos perforados de quienes habían sido sacrificados para honrar a los dioses.
Los arqueólogos no tienen dudas de que esta es una de estas estructuras, descrita por el soldado Andrés Tapia, quien acompañó a Hernán Cortés en la conquista de México en 1521.
Cortés desembarcó en Veracruz, en la costa oriental de México en 1519 y, dos años más tarde, con la ayuda de otras fuerzas aborígenes capturó la capital azteca.