miércoles, 16 de agosto de 2017

¿Qué fue de la cuna de Sijena?

La cuna de Sijena objeto de litigio entre Cataluña y Aragón.
La cuna de Sijena objeto de litigio entre Cataluña y Aragón. SETDART
En los últimos años todo lo relacionado con Sijena es sinónimo de conflicto por la dificultad de encontrar una solución al litigio que enfrenta a Cataluña y Aragón por un conjunto de bienes del monasterio de esta localidad oscense. La polémica ha acabado en los juzgados, con varias sentencias que están recurridas; se ha generado un fuego cruzado de acusaciones, amenazas y presiones a la justicia, tras pedir en más de una veintena de ocasiones la actuación de la fuerza pública para llevarse a Aragón las piezas conservadas en Cataluña. Incluso se han vivido actos vandálicos en el interior de museos para exigir la devolución de unas obras que se consideran secuestradas, sin tener en cuenta que la justicia no ha dicho todavía su última palabra.
El día que la cuna fue presentada en el Museo de Zaragoza.
El día que la cuna fue presentada en el Museo de Zaragoza.
En este mar de conflictos se añadió en enero de 2016 un elemento más de confrontación tras saltar a la palestra un pequeño objeto ritual, una cuna de plata —y un conjunto de miniaturas— perteneciente a un belén de finales de los siglos XVI o comienzos del XVII procedente de este monasterio, que sus propietarios actuales pusieron a la venta, de forma ingenua, en Internet por un valor de partida de 10.000 euros, sin calcular lo que se desencadenaría: La cuna fue retirada de la subasta por los mossos, por no haberse notificado la venta a la Generalitat al tratarse de un bien catalogado desde 1994 como bien cultural catalán. Al día siguiente, la policía judicial se la llevó a Zaragoza sin notificarlo al gobierno catalán que exigió saber al Ministerio de Interior el porqué de esa medida radical. Nadie ha respondido todavía, según la consejería.
Pasados los meses y sepultada por otros conflictos relacionados con Sijena (reclamación de 44 objetos depositados en el Museo de Lleida y de las pinturas murales de la sala capitular que se exhiben en el MNAC) la cuna parece olvidada. Pero no para todos.
Según ha podido saber este diario, los propietarios barceloneses de la cuna, descendientes de Pilar Alcalde, la mujer que había ayudado económicamente a las monjas de Sijena, que le habían regalado la cuna en agradecimiento, han llegado a un acuerdo verbal con el gobierno de Aragón para vendérsela. Por eso, la Generalitat les ha recordado —mediante un burofax enviado el pasado 16 de junio— que la administración catalana tiene el derecho preferente de adquisición de la pieza por ser un bien catalán catalogado. En el burofax, la Consejería de Cultura de Santi Vila, ahora de Lluís Puig, les amenaza con multarlos si venden la cuna sin notificarlo con hasta 6.010 euros.

LAMBÁN: “QUE LA JUEZA MUEVA FICHA YA”

Javier Lambán, presidente de Aragón, exigió esta semana a la juez “mover ficha ya" y que "habilite agosto y autorice de inmediato la entrada con escolta policial en el museo de Lleida para recuperar y trasladar las 44 piezas que conserva a Aragón”. La fecha marcada para la entrega expiró, sin éxito, el 31 de julio.
Tras trasladar la cuna a Aragón, se supo que los descendientes de Alcalde se pusieron en contacto con las autoridades aragonesas para conseguir una compensación económica. No querían perderla y se avinieron a pactar una solución. En julio de 2016 la Policía Nacional entregó la cuna a las autoridades aragonesas que, tras presentarla con todos los honores como la primera pieza recuperada del expolio del monasterio, la depositaron en el Museo de Zaragoza, donde continúa, según el propio gobierno aragonés.
“Al final, han salido mejor parados que si la hubieran subastado”, aseguran fuentes cercanas a estos propietarios que matizan que el pago se realizaba, no por la compra, sino por “haberla cuidado todos estos años”, y añaden “que el precio es elevado”.
Tanto la consejería de Cultura de Aragón, que dirige Mayte Pérez, como el Ayuntamiento de Sijena, niegan que hayan pagado nada por la pieza, pero los hijos de Pilar Alcalde han acabado reconociendo a las autoridades catalanas que “existe un acuerdo verbal para venderla, aunque aún no han formalizado nada”.

Los Tesoros de Príamo: Riquezas de oro de la legendaria ciudad de Troya



La Ilíada de Homero está considerada como una de las obras más importantes de la literatura occidental. Por muchos siglos, la Troya de Homero, la ciudad cercada por los griegos, fue vista por los estudiosos como un mito. Sin embargo, durante el siglo XIX un hombre se aventuró en una expedición para comprobar que esta legendaria ciudad sí existía. Se trata del arqueólogo alemán, Heinrich Schliemann. Su expedición fue exitosa, y Hisarlik (el lugar donde Schliemann realizó sus excavaciones), es hoy reconocido como la antigua Troya. Entre los objetos descubiertos en Hisarlik está el denominado "Tesoro de Príamo", el cual, según Schliemann, perteneció a Príamo, rey de Troya.
Descubrimiento del Tesoro de Príamo
En el año 1871, Schliemann comenzó a excavar en Hisarlik. Tras identificar un estrato conocido como "Troya II", como la Troya de la Ilíada, su siguiente objetivo fue descubrir el "Tesoro de Príamo". Como Príamo fue el gobernador de Troya, Schliemann dedujo que debió haber ocultado el tesoro en algún lugar de la ciudad para evitar que fuese capturado por los griegos en caso de que la ciudad cayera. El 31 de mayo de 1873, Schliemann encontró el precioso tesoro que buscaba. De hecho, Schliemann encontró el "Tesoro de Príamo" por casualidad, pues dijo que había visto un destello de oro en una zanja mientras enderezaba el lateral de una de ellas en la zona suroeste del yacimiento.
Artículos del tesoro de Troya II ("El Tesoro de Príamo") descubierto por Heinrich Schliemann.
Artículos del tesoro de Troya II ("El Tesoro de Príamo") descubierto por Heinrich Schliemann. (Wikimedia Commons)
Un tesoro de oro
Después de sacar el tesoro (los objetos estaban bien encajados y Schliemann dedujo que en algún momento habían sido ubicados dentro de un cajón de madera que se pudrió), Schliemann guardó sus hallazgos bajo llave en su cabaña. Aparte del oro y los objetos de plata, el "Tesoro de Príamo" contenía armas, un caldero de cobre, una sartén de bronce poco profunda, y un hervidor de bronce. Aunque Schliemann dijo que el "Tesoro de Príamo" había sido un hallazgo único, otros dudan de ello, sugiriendo que fue colectivo y que los objetos más importantes habían sido descubiertos el 31 de mayo de 1873, y que otros habían sido encontrados antes y fueron agregados al tesoro.
Plan osado para proteger el tesoro de las manos de los otomanos
Sin importar la naturaleza del "Tesoro de Príamo", las autoridades otomanas querían poner sus manos en él. Sin embargo, Schliemann tenía otras intenciones e ideó un plan para sacar los objetos del territorio otomano. La forma en la que Schliemann logró esta hazaña aún es un misterio, y se ha especulado sobre ello durante años. Por ejemplo, hay una leyenda que dice que el éxito de Schliemann se debió a su esposa Sophie, quien contrabandeó los objetos a través de la aduana otomana escondiéndolos en su ropa interior.  Con el tiempo, Schliemann fue demandado por el gobierno otomano y perdió el caso, por lo que fue multado con 400 £ como compensación a los otomanos. Sin embargo, en vez de esa suma, Schliemann pagó 2000 £ de forma voluntaria y se dice que este incremento probablemente le garantizó algo extra, aunque se desconoce lo que haya podido ser.
Retrato de Sophia Schliemann portando algunos de los Tesoros de Príamo (Wikimedia Commons).
Retrato de Sophia Schliemann portando algunos de los Tesoros de Príamo (Wikimedia Commons). Se cree que ella ayudó a contrabandear los hallazgos de su esposo fuera del país escondiendo parte de los tesoros en su ropa interior.
Buscando un hogar para el Tesoro de Príamo
Tras el descubrimiento del "Tesoro de Príamo", Schliemann buscó un museo para exhibirlo. Mientras tanto, los valiosos objetos fueron guardados en su casa, algo que le causó mucha ansiedad. No fue hasta el año 1877 que el "Tesoro de Príamo" hizo su primera aparición pública en el Museo South Kensington de Londres (conocido ahora como el Museo Victoria y Alberto). Después de varios años de exhibición en Londres, el "Tesoro de Príamo" fue llevado a Berlín en el año 1881. Entre 1882 y 1885, los objetos fueron exhibidos temporalmente en el Museo Kunstgewerbe, antes de ser trasladado al recién construido Museo Etnológico.
Uno de los elementos del Tesoro de Príamo. Diadema de oro con pendientes en forma de "ídolos"
Uno de los elementos del Tesoro de Príamo. Diadema de oro con pendientes en forma de "ídolos" (Wikimedia Commons)
En las décadas siguientes, el "Tesoro de Príamo" estuvo en el Museo Etnológico de Berlín. Después de la derrota de la Alemania Nazi y el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, los objetos desaparecieron. Se sospecha que las tropas soviéticas que invadieron Berlín son las responsables de trasladar el tesoro e innumerables objetos de arte a Moscú. Los soviéticos siempre negaron tener el "Tesoro de Príamo", y solo hasta 1993 admitieron de manera oficial que el tesoro estaba en Rusia. Hoy en día, el "Tesoro de Príamo" aún se encuentra allá. Aunque los rusos ven al tesoro como un botín que los indemniza por las pérdidas durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes lo consideran un robo y exigen su devolución.  
Imagen: Fotografía que muestra una parte del "Tesoro de Príamo". Fotografía: Wikimedia.
Traducido por Andrés González
Fuentes
Easton, D. F., 1994. Priam's Gold: The Full Story. Anatolian Studies, Volume 44, pp. 221-243.
Erlanger, S., 1994. ART; Digging Out Schliemann's Treasure at the Pushkin. [Online]
Available at: http://www.nytimes.com/1994/12/11/arts/art-digging-out-schliemann-s-treasure-at-the-pushkin.html
Krystek, L., 1999. The Treasure of Troy. [Online]
Available at: http://www.unmuseum.org/troy.htm
Lendering, J., 2010. Troy / Wilusa / Ilium. [Online]
Available at: http://www.livius.org/to-ts/troy/troy_I-V.html
Meyer, K. E., 1993. Editorial Notebook; Who Owns the Gold of Troy?. [Online]
Available at: http://www.nytimes.com/1993/09/26/opinion/editorial-notebook-who-owns-the-gold-of-troy.html

El inexistente paraíso registral de la Iglesia


Iglesia del municipio barcelonés de Santa Perpetua de Moguda
Iglesia del municipio barcelonés de Santa Perpetua de Moguda JORDI ROVIRALTA
En la edición de 4 de julio pasado de EL PAÍS, el profesor de Derecho Civil de la Universidad de Córdoba, nuestro colega Antonio Manuel Rodríguez Ramos, publicó un interesante y sorprendente artículo titulado “El paraíso fiscal de la Iglesia”. Nos pareció interesante por la materia (no reflejada en el título) que trataba: la inmatriculación registral de los bienes de la Iglesia católica. Sorprendente, por la forma de hacerlo y por alguna de sus afirmaciones. Al comentar entre nosotros uno y otro aspecto estuvimos de acuerdo en que merecería la pena aportar algún dato y comentar ciertos aspectos que podrían contribuir a enfocar mucho mejor un tema que, como buena parte de los debatidos en el ámbito registral, es técnicamente complejo.
Acabamos de señalar la sorpresa que causa la forma de tratar la cuestión. El saber jurídico y la literatura en la que se plasma, tiende, casi por connaturalidad, al equilibrio y a la mesura. Las afirmaciones absolutas o hiperbólicas, tan del gusto del discurso político y que también tienen cabida en el estilo forense, provocan generalmente en los juristas la sospecha de que el argumento puramente jurídico ha sido relegado frente a planteamientos ideológicos. En este sentido, mantener que las inmatriculaciones (que se tachan de clandestinas: lo que, en un registro que tiene como principio y efecto fundamental la publicidad, no dejaría de ser un imposible lógico) es el mayor escándalo patrimonial de la historia de España, es tanto como desconocer el alcance del fenómeno desamortizador de, aproximadamente, entre una quinta y una sexta parte de los bienes raíces de España de los que se privó a la Iglesia. Sin que, además, como atinadamente señaló en su clásico estudio acerca del tema Tomás y Valiente, ni mínimamente se lograse el ideal ilustrado de crear una clase de pequeños propietarios agrícolas, pues los grandes beneficiados de ese trasvase de bienes fueron los burgueses tenedores de vales de deuda pública.
El registral es un sector del derecho muy técnico, poco dado a acusar los vaivenes políticos, que sí tienen un influjo innegable en otros sectores del ordenamiento, quizá porque sus normas son elaboradas en muy buena parte por juristas expertos, muy atentos a la congruencia del sistema. Al aplicar en este ámbito jurídico principios que tienen su campo de acción propio en otros hay que hacerlo con sumo cuidado, porque sería algo análogo al orfebre que intenta valerse de un escoplo de albañil. No le está vedado, pero la cosa es fácil que acabe en desastre. Algo así pensamos que le ha sucedido a nuestro ilustre colega civilista al empuñar los principios de no discriminación religiosa y de aconfesionalidad o laicidad como si fueran mazas antiprivilegiarias en contra de una confesión religiosa que no se resignaría a no ser ya la oficial del Estado.
Con la reforma hipotecaria de la ley de 1944, la posesión, como hecho jurídico, desaparece del Registro de la Propiedad; las certificaciones posesorias se transforman en certificaciones de dominio
Intentaremos explicar la cuestión con la limitación de espacio que impone, lógicamente, el género periodístico. La Ley 13/2015, de 24 de junio, de Reforma de la Ley Hipotecaria aprobada por Decreto de 8 de febrero de 1946 y del texto refundido de la Ley de Catastro Inmobiliario, aprobado por Real Decreto Legislativo 1/2004, de 5 de marzo, suprimió la posibilidad que el artículo 206 de la Ley Hipotecaria concedía a la Iglesia católica de inmatricular fincas en el Registro de la Propiedad sin título escrito acreditativo del dominio en los mismos términos que estaban previstos para las Administraciones Públicas y las entidades de Derecho público. La exposición de motivos indica que la autorización para que la Iglesia católica utilizara aquel procedimiento ha de situarse en un contexto socioeconómico muy diferente del actual, influenciado aún por los efectos de las leyes desamortizadoras –a las que el Reglamento Hipotecario dedica todavía cuatro artículos– y la posterior recuperación de parte de los bienes por la Iglesia católica, en muchos casos sin una titulación auténtica (en el sentido jurídico-técnico del término).
La posibilidad de que la Iglesia se acogiera a este mecanismo inmatriculador de fincas ha sido –y es– criticada desde determinados sectores, que alegan que se trata de un privilegio de una época confesional contrario a los artículos 16.3 y 14 de la Constitución de 1978. Sin embargo, si se hace un estudio de los orígenes del artículo 206 de la Ley Hipotecaria, la conclusión que se obtiene es otra bien distinta. Las certificaciones de dominio tienen su origen en una situación de hecho –posesión de numerosas fincas sin título escrito acreditativo del dominio– y se insertan en el marco de una política legislativa implantada en la segunda mitad del siglo XIX con la finalidad de favorecer el acceso de las fincas al Registro de la Propiedad. Se trata de un tema de relación Registro de la Propiedad-título, que no es susceptible de ser analizado en clave de relaciones Iglesia-Estado. El artículo no tiene nada que ver con la confesionalidad del Estado, sino con el hecho de que la Iglesia –al igual que otros entes como los municipios– era poseedora desde tiempo inmemorial de un vastísimo patrimonio y no contaba con títulos escritos acreditativos del dominio.
Con la reforma hipotecaria llevada a cabo por la Ley de 30 de diciembre de 1944, la posesión, en tanto que hecho jurídico, desaparece del Registro de la Propiedad, circunstancia que origina la transformación de las certificaciones posesorias en certificaciones de dominio. Se mantuvo la inmatriculación mediante certificación del dominio para hace primar el acceso de fincas al Registro por encima de la certeza jurídica. No hay en la reforma ni una sola mención a la confesionalidad católica del Estado, ni siquiera en su parte expositiva, mucho más dada a declaraciones de ese género, sobre todo en una época de exacerbación confesional.
Igualmente, una vez desentrañada la ratio inspiradora de la inmatriculación de fincas mediante certificación del ordinario diocesano, la hipotética vulneración del principio de no discriminación desaparece. La Iglesia católica, a diferencia de las demás confesiones religiosas, posee desde tiempo inmemorial un enorme patrimonio, circunstancias que no se da en nuestra nación en el caso de otras confesiones religiosas. Si a esto se añade que la intención del legislador –como hemos dicho– era facilitar la inscripción de bienes en el Registro de la Propiedad, se debe concluir que artículo supera el juicio de proporcionalidad demandado por la jurisprudencia constitucional sobre el artículo 14 de la Carta Magna, referido a la relación entre la medida adoptada, el resultado obtenido y la finalidad pretendida por el legislador.
Miguel Rodríguez Blanco es catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad de Alcalá. José María Vázquez García-Peñuela es catedrático de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

lunes, 14 de agosto de 2017

Érase un niño que se lanzaba a la aventura

Érase un niño que se lanzaba a la aventura todos los días,
Y en el primer objeto que miraba y aceptaba con asombro, piedad,
amor o temor, en ese objeto se convertía,
Y ese objeto se hacia parte de él durante el día o una parte del día
…o durante muchos años o largos ciclos de años.
Las primeras lilas se hacían parte de este niño,
Y la hierba y el dondiego de día, blanco y rojo, y el trébol, blanco y
rojo, y el canto del febe,
Y los corderos nacidos en marzo y los lechones sonrosados
de la marrana, y el potro de la yegua y el ternero de la vaca
y la pollada ruidosa en el corral o junto al fango del 
estanque, y los peces que se suspenden tan curiosamente
allá abajo, y el hermoso y curioso líquido, y las plantas
acuáticas con sus cabezas gráciles y planas … todo se hacia
parte suya.
Y los brotes de abril y de mayo se hacían parte suya … los retoños
del grano en invierno, los del maíz amarillento y las raíces
comestibles del huerto,
Y los manzanos floridos y el fruto después … y las bayas … y las 
hierbas más vulgares de los caminos;
Y el viejo borracho que se tambalea hacia casa desde el retrete
exterior de la taberna, de donde acababa de levantarse,
Y la maestra que pasaba de camino a la escuela … y los afectuosos
muchachos que pasaban … y los pendencieros … y las
cuidadas muchachas de mejillas frescas … y el muchacho
y la muchacha negros con pies descalzos,
Y todos los cambios de la ciudad y del campo adondequiera
que iba.
Sus mismos padres, el que había impulsado la sustancia paterna
durante la noche y lo había engendrado, y la que lo
concibió en su útero y le dio a luz … ellos dieron a este niño
más que eso,
La dieron después cada uno de sus días … se hicieron parte suya.
La madre en casa poniendo placidamente los platos en la mesa
para la cena,
La madre de palabras dulces … el gorro y el camisón limpios … su
persona y ropas exhalando un olor sano cuando pasa;
El padre fuerte, seguro, viril, mezquino, colérico, injusto,
El bofetón, la palabra rápida y violenta, el pacto estricto, la
persuasión astuta,
El trato familiar, el lenguaje, la compañía, los muebles …
el corazón anhelante y henchido,
El afecto que no sera denegado … La sensación de lo que es real
… la idea de si en definitiva todo sera irreal,
Las dudas diurnas y las dudas nocturnas … el sí y el cómo
extraños,
Si lo que parece ser así es así … o si no son más que destellos y
manchas,
Hombres y mujeres apretujándose en las calles … si no son
destellos y manchas, ¿que son?
Las calles mismas y las fachadas de las casas … las mercancías en
los escaparates,
Vehículos, caballos de tiro, embarcaderos de tablones, y el enorme
transito en los ferris;
El pueblo en la colina visto de lejos al ocaso … el río entre
ambos,
Sombras, aureola y bruma, luz cayendo en los tejados y aguilones
blancos o pardos, a tres millas de distancia,
La goleta cercana cabeceando soñolienta con la marea, el pequeño
bote remolcado a popa con el cabo flojo,
Las olas que corren y voltean y las crestas que al chocar se rompen
con rapidez;
Los estratos de nubes multicolores … la larga franja de tinte
castaño solitaria … la extensión de pureza en la que flota
inmóvil,
El filo del horizonte, el cuerpo marino en vuelo, la fragancia de la
marisma y el cieno de la playa,
Todas estas cosas se hicieron parte de aquel niño que se lanzaba a
la aventura todos los días y que se lanza ahora y se lanzara a la
aventura cada día,
Y todas estas cosas se hacen parte de aquel niño o de aquella que ahora
las lee atentamente.

de Walt Whitman (1819-1892):
De Riachuelos de Otoño

viernes, 4 de agosto de 2017

Las estrellas de mar

Una mañana de invierno, un hombre que salía a pasear cada día por la playa se sorprendió al ver miles de estrellas de mar sobre la arena, prácticamente estaba cubierta toda la orilla.
Se entristeció al observar el gran desastre, pues sabía que esas estrellas apenas podían vivir unos minutos fuera del agua. Resignado, comenzó a caminar con cuidado de no pisarlas, pensando en lo fugaz que es la vida, en lo rápido que puede acabar todo.
A los pocos minutos, distinguió a lo lejos una pequeña figura que se movía velozmente entre la arena y el agua. En un principio pensó que podía tratarse de algún pequeño animal, pero al aproximarse descubrió que, en realidad, era una niña que no paraba de correr de un lado para otro: de la orilla a la arena, de la arena a la orilla.
El hombre decidió acercarse un poco más para investigar qué ocurría:
-Hola -saludó.
-Hola -le respondió la niña.
-¿Qué haces corriendo de aquí para allá? -le preguntó con curiosidad.
La niña se detuvo durante unos instantes, cogió aire y le miró a los ojos.
-¿No lo ves? -contestó sorprendida- Estoy devolviendo las estrellas al mar para que no se mueran.
El hombre asintió con lástima.
-Sí, ya lo veo, pero no te das cuenta de que hay miles de estrellas en la arena, por muy rápido que vayas jamás podrás salvarlas a todas… tu esfuerzo no tiene sentido.
La niña se agachó, cogió una estrella que estaba a sus pies y la lanzó con fuerza al mar.
-Para esta sí que ha tenido sentido.
Eloy Moreno. Adaptación cuento sufí.